Revista Vitral No. 73 * año XIII * mayo-junio de 2006


RELIGIÓN

 

¿CÓMO SER IGLESIA EN CUBA
SEGÚN EL ENEC?
PRIMERA PARTE DE LA CONFERENCIA DE FRAY JESÚS ESPEJA,
O. P. DURANTE LA CELEBRACIÓN DE LOS XX AÑOS DEL ENEC


FRAY JESÚS ESPEJA O. P.

Desde la Iglesia particular de Cuba

Una Iglesia en misión

El ser de la Iglesia

“En el misterio de Cristo”

Pueblo de Dios: comunión

”Sacramento universal de salvación”

Notas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace veinte años se celebró el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). Habían pasado ya dos décadas en revolución socialista, con sus aciertos y sus contradicciones. La Iglesia supo discernir la nueva situación, se preguntó por su papel en el proceso y una vez más actualizó su identidad cristiana.
El ENEC fue un acontecimiento del Espíritu. La sugerencia de una reflexión nacional, lanzada por Mons Azcárate en 1979, fue la primera chispa de una gran hoguera espiritual que viene iluminando e impulsando a la Iglesia en Cuba durante las últimas décadas. Del Espíritu tenemos sensación, pero no es definible. Por eso aquí sólo intento aproximarme para gustar con ustedes su saludable rumor.

Algunas acotaciones

Sin duda quienes gestaron el ENEC y redactaron sus documentos -así lo dicen ellos mismos- conocían bien los documentos del Vaticano II, Medellín y Puebla. Sin embargo parece que su punto de partida no fueron esas declaraciones sino que tuvieron como referencia primera “el pensar, el sentir y el soñar del pueblo de Dios que peregrina en Cuba, y que nos hace pensar en la fe hacia aquel proyecto original de Iglesia que existe desde siempre en Dios Padre, que se nos manifestó en Jesucristo y que debemos realizar hoy como ayer, bajo la acción del Espíritu Santo” (1).
Como el Vaticano II, el ENEC tiene un “carácter prevalentemente pastoral”. Este calificativo no quiere decir que sea doctrinalmente débil; más bien significa una presentación actualizada del mensaje para que sea entendido en el tiempo: “no se trata de buscar en el ENEC criterios nuevos, principios nuevos; nos bastan con los de siempre que son los que vienen del evangelio; se trata más bien de cómo aplicarlos a la realidad concreta nuestra”(2) . El ENEC no pretendió de modo directo elaborar especulativamente una eclesiología original, sino diseñar un modelo de Iglesia con dos ilusiones: “que sea imagen fiel de nuestro Maestro, Jesucristo de quien la Iglesia es inseparable..., y también la ilusión de servir mejor al pueblo cubano” (3)
Hay cuestiones actuales que no pujaban con la fuerza de hoy cuando se celebró el ENEC como, por ejemplo, los justos reclamos de la mujer, que sin embargo en alguna de las votaciones ya mostró su inconformidad con el paternalismo reinante incluso dentro de la Iglesia. Esas cuestiones que han irrumpido con garra después, deben ser tenidas en cuenta para completar la visión del Encuentro, pero no es ahora mi objetivo en este trabajo ni siquiera hacer un elenco de las mismas. También sería importante analizar la continuidad y el desarrollo de la Iglesia respecto al ENEC en los últimos 20 años(4). Aquí me centro sólo en el ser y la misión de la Iglesia según los documentos del ENEC; más en concreto apunto las intuiciones y coordenadas que siguen teniendo actualidad en la situación actual y nos impulsan para seguir adelante.

Cardenal Eduardo Pironio, enviado especial del
Papa al ENEC, ante el cenotafio del Padre Varela
en la Universidad de La Habana.

 

1. Desde la Iglesia particular de Cuba

Este Encuentro es “una celebración que proclama nuestra fe en la Iglesia; pero no en la Iglesia abstracta, teórica, ideal, planetaria, de meras palabras teológicas; sino en la Iglesia concreta, práctica, real, que se llama Iglesia de Dios en Cuba”(5) El ENEC se refiere a la Iglesia encarnada “en una realidad histórica en crecimiento”; que comparte con el pueblo cubano “luchas, logros, angustias y gozos”, y “quiere ser respuesta a las necesidades nuevas”.Una iglesia que vive la alegría de darse al servicio no sólo de todo lo humano sino también de todos los humanos en este pueblo de Cuba(6).
El n. 26 de la Constitución Lumen Gentium, si bien recoge la tradición apostólica, supone un cambio de visión importante respecto a la eclesiología que, desde la Reforma Gregoriana, se plasmó en la Contrarreforma. El concilio afirma: “La Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas congregaciones locales de los fieles que, unidas a sus pastores, reciben también el nombre de Iglesia en el Nuevo Testamento. Ellas son, cada una en su lugar, el pueblo nuevo llamado por Dios en Espíritu Santo y plenitud (1 Tes 1,5).En ellas se congregan los fieles por la predicación del Evangelio de Cristo, y se celebra la Cena del Señor. En estas comunidades, por más que sean con frecuencia pequeñas y pobres o viven en la dispersión, está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica”. Luego la Iglesia local no es una parte de la Iglesia universal sino que ella es la Iglesia entera tal como acontece en un determinado lugar. En cada Iglesia particular existe la Iglesia universal, y esa universalidad se garantiza por la comunión entre todas las Iglesia que confirma el obispo de Roma gracias al ministerio petrino.
El enfoque del concilio da un paso cualitativo: “de la gravitación de la Iglesia local en torno a la Iglesia universal, a la consideración de la Iglesia local como el centro de gravitación”.Se comprende que la Iglesia es una en la diversidad de iglesias locales. Porque la Iglesia local es autónoma y al mismo tiempo abierta a la comunión con las otras iglesias locales, las diferencias no se convierten en barreras, ni la apertura degenera en supresión de las diferencias..
En esta perspectiva es herencia que nos dejó el concilio como indicativo y tarea pasar de una Iglesia que se celebra Concilios, a una Iglesia que vive conciliarmente. Así lo sugieren el relieve de las Iglesias locales, la sacramentalidad del episcopado, las conferencias episcopales, los concilios provinciales a escala nacional o continental, por supuesto en efectiva vinculación con el Papa cuyo carisma garantiza la comunión entre todas las iglesias. Un proceso conciliar internacional que puso en marcha Pablo VI cuando el 14 de septiembre de 1965 puso en marcha el Sínodo de los Obispos.

2. Una Iglesia en misión

El punto de partida que motivó la convocatoria y el desarrollo del Vaticano II fue una preocupación pastoral: se está gestando un nuevo orden de cosas y la Iglesia tiene que infundir el espíritu evangélico; consiguientemente se pide una Iglesia que responda eficazmente. Dado que los reformadores negaban la visibilidad de la Iglesia, la teología de la Contrarreforma insistió sobre todo en la organización visible y jerárquica. Esa visión fue confirmada en el Vaticano I: la Iglesia es sociedad perfecta, orgánica y jeráquicamente estructurada. En continuidad con esa tradición, el Vaticano II presenta la Iglesia como sociedad jerárquica dirigida por el Papa y los obispos(7).
Apoyada en el Nuevo Trstamento, la Lumen Gentium trae otra imagen de Iglesia: “pueblo de Dios”: todos los miembros de la Iglesia reciben el mismo Espíritu, y todos tienen la misma dignidad: hijos de Dios y hermanos de todos(8). Pasado un año, se redactó la constitución Gadium et Spes donde la Iglesia es presentada con otra imagen, servidora del mundo. “sólo desea continuar bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido”(9).
Sociedad orgánica y jerárquica, pueblo de Dios, servidora del mundo, son tres aspectos del único misterio que es la Iglesia, obra de Dios en crecimiento dentro de la historia humana. El Concilio no los articuló explícitamente. Sin embargo hay razones para tomar como clave de interpretación y determinante de los otros dos, el tercero: la Iglesia servidora del mundo. El pueblo de Dios se constituye en la misión, y para realizar esa misión ese pueblo recibe una jerarquía: Jesucristo, “de quien la Iglesia es inseparable”, no estuvo en función de sí mismo sino “para cumplir la voluntada del Padre”, al servicio del reino de Dios, “por nosotros y por nuestra salvación”. Además, la Gadium et Spes responde directamente a la intencionalidad pastoral de Juan XXIII cuando convocó el concilio: cómo la Iglesia podía servir a este mundo en una nueva etapa de su historia. Diez años después del Concilio Pablo VI dirá: “sólo el reino es absoluto”, “la Iglesia se constituye en la misión.(10)
Ya es significativo que, en sus referencias al concilio, el ENEC da prioridad a la Gadium et Spes, donde se destaca la imagen de la Iglesia como servidora del mundo.Y esa orientación queda bien clara en el Documento Final: “queremos ser una Iglesia misionera, que escucha con renovado empeño la voz de su Maestro que la llama a los confines de la tierra y la envía a predicar a todos; Iglesia que, en razón de su misión, estable con todo un diálogo que nace en el silencio, madura en la Cruz y se expresa en la alegría pascual”(11).

3. El ser de la Iglesia

La Iglesia, que continuamente se está haciendo en la historia cambiante, sin embargo ya está hecha por iniciativa divina. Siempre con preocupación misionera, el ENEC ha diseñado la condición de la Iglesia en tres pinceladas que van muy unidas

a)“En el misterio de Cristo”(12)

Después de Trento, san Roberto Belarmino, forzado por las circunstancias, elabora el primer tratado sistemático sobre la Iglesia para responder a la doble cuestión planteada por los reformadores: cuál es la verdadera Iglesia de Cristo y quiénes pertenecen a ella. En la respuesta se destacan los elementos externos: “es la comunidad de hombres reunida por la profesión de la misma fe, la comunión de los mismos sacramentos, bajo el gobierno de los legítimos pastores, principalmente del romano pontífice”(13). El Vaticano II mantiene esos elementos externos, pero explicita un presupuesto: “están plenamente incorporados a esta sociedad que es la Iglesia quienes, teniendo el espíritu de Cristo...”; después se enumeran los elementos externos: la profesión común de la fe, los mismos sacramentos y la aceptación de la autoridad jerárquica(14)
El ENEC se sitúa en esta visión cristológica. La Iglesia sólo tiene sentido en el misterioso designio de Dios para la salvación de los hombres, que “encuentra su expresión más total en la realidad de la encarnación del Hijo...”(15). Por eso la Iglesia en Cuba “no puede tener otra intención que el de seguir la ruta de Cristo”(16); “desea asumir la realidad en que vive, como servidora, al estilo de Jesús”(17). Pero en el aire o espíriu de Jesús hay tres notas que van inseparablemente unidas: intimidad con Dios, Padre (Abba) en quien siempre se puede confiar; apasionamiento por la llegada de la nueva humanidad o reino de Dios, compromiso histórico en esa llegada en la “kénosis” o lógica de la pobreza, “siendo rico se hizo pobre...”(18).”Seguir la ruta de Jesucristo” significa “re-crear” esas tres notas de la única experiencia.
Iglesia orante: intimidad con Dios. Una Iglesia “que tenga a Dios como único absoluto, y que encuentre en contacto profundo con la Palabra de su Señor la fuerza de la unidad y el fuego de su amor”(19). “queremos ser una Iglesia orante que, dócil al Espíritu Santo...esté convencida de que su honda transformación, su conversión y renovación se nutren y se dan primero en la contemplación y en la serena identificación con la vida de Jesús”(20). Mirar a la humanidad con los ojos de Dios significa respirar sentimientos de misericordia y de compasión eficaz ante el deterioro de la persona humana, pues el “profundo estupor ante su dignidad se llama evangelio”(21).
Una Iglesia encarnada.Porque la fe cristiana es un encuentro, no con cualquier divinidad, sino con “el Dios del reino”, el Dios de los hombres, el ENEC quiere una Iglesia “ que comparte con su pueblo las luchas y los logros, las angustias y los gozos”...,”que se compromete en la edificación de la civilización del Amor en el seno de una cultura mestiza en constante gestación...; que quiere estar activamente presente en la realidad histórica cubana y latinoamericana”(22).
En la lógica de la pobreza: “kenosis”. La Iglesia en Cuba quiere ser “pobre, desprendida del poder, deseosa de servir..., con una clara y consecuente vocación de paz(23); “queremos ser una Iglesia capaz de vivir, en sus miembros, un espíritu de pobreza evangélica”(24). Algunos padres conciliares sugirieron que se dijera: “la Iglesia es sacramento (misterios) de Cristo en los pobres” como centro y alma del concilio. De esa sugerencia nació el n. 8 de la Lumen Gentium: “como Cristo efectuó la obra de la redención en la pobreza y la persecución, así la Iglesia está llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación”. En el ENEC nuestros hermanos apuestan: “queremos ser una Iglesia capaz de vivir en sus miembros, un espíritu de pobreza evangélica; pobreza que pone a la Iglesia en actitud de escuchar a Dios y a los hombres, que dialoga porque es pobre; pobreza que pasa por la encarnación y el anonadamiento..., que pone toda su confianza en la acción del Espíritu, desprendida de poder, austera y sencilla”(25).

Los delegados al ENEC en el Aula Magna honrando los restos del Padre Varela, primer gesto público de la Iglesia Católica después de más de 30 años
de haberse celebrado el Congreso Católico Nacional en 1959.

 

b) Pueblo de Dios: comunión

“Pueblo de Dios” es la imagen bíblica de la Iglesia más frecuentada en el ENEC. Se identifica con “la comunidad eclesial encarnada en un contexto concreto”(26). La categoría “pueblo” destaca ya la dimensión histórica de la Iglesia; un pueblo sólo existe y avanza en el espacio y en el tiempo; también sugiere que la Iglesia es parte del pueblo, de la sociedad; participa sin remedio de los gozos, esperanzas y fracasos, logro y destino de sus coetáneos. El calificativo “de Dios” significa que “por la presencia dinámica del Espíritu, se hace cuerpo de Cristo”(27). Hunde sus raíces “en la insondable riqueza de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo”(28). Respira y vive los sentimientos de Dios revelado en la conducta histórica de Jesús: “misericodia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión”(29)

“Ninguna diferencia hay entre los re-nacidos”

La presentación de la Iglesia como pueblo de Dios implica un vuelco a la eclesiología de la Contrarreforma que se centraba prioritariamente en la organización visible y jerárquica; y donde los religiosos eran tenidos como clase superior, únicos llamados a la perfección de la vida cristiana. Cuando la constitución Lumen Gentium comienza presentando a la Iglesia “como pueblo de Dios” antes de hablar sobre la jerarquía y sobre los religiosos, está sugiriendo que prevalece lo común de todos los bautizados sobre los distintos ministerios o formas para y de la única vida cristiana. La Iglesia es la comunidad de creyentes que han sido y están siendo alcanzados y transformados por el Espíritu de Jesucristo. Dando relieve a la imagen “pueblo de Dios”, no se trataba de ceder a ninguna concepción sociológica de la Iglesia, sino más bien de superar una visión claramente piramidal y fundada en la desigualdad, dando prioridad a la comunión o fraternidad que es la esencia de la Iglesia. Según el significativo epígrafe del antiguo baptisterio en San Juan de Letrán, Roma, “ninguna diferencia hay entre los renacidos” en el bautismo;
En el Nuevo Testamento hay dos expresiones que van muy unidas: koinonia y diakonía. La “koinonía” es la realidad primera y el horizonte último de la Iglesia. El plano de las “diakonías” se refiere a distintas instancias que surgen dentro de la comunidad para la realización de la “koinonia”,comunión. El concilio ha dejado bien claro que lo sustantivo en la Iglesia es la “comunión”. Los ministerios ordenados están al servicio del sacerdocio común, mientras todos los cristianos, y no sólo los religiosos, estamos llamados a la santidad. Lo entendieron bien los obispos cubanos en su Instrucción para promulgar el Documento final del ENEC: “somos pastores de la Iglesia, pero queremos escribirles como hermanos a sus hermanos, porque el ser obispos no menoscaba en nada la primera gracia que compartimos juntos y que nos hermana a todos: la de ser cristianos”(30).
La visión de la Iglesia como “pueblo de Dios”, puede ser buen correctivo para la patología del clericalismo: muchos perciben a la Iglesia como sinónimo de clero bajo cuyo título incluyen a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. La ven como sociedad piramidal donde unos enseñan y oros aprenden, unos celebran y otros asisten, unos mandan y otros obedecen, una élite de privilegiados para la santidad mientras la mayoría de los creyentes se quedan a ras de tierra. En una Iglesia donde falte un laicado promovido, y en una sociedad marcada por el sentimiento de lo religioso como la cubana, el clericalismo así entendido, encuentra terreno abonado y es amenaza peligrosa.

La unidad es “ don precioso de Dios a nuestra Iglesia de Cuba”(31)

La comunión garantiza la unidad; no pueden romperla ninguna diferencia; la comunión trinitaria que participamos al incorporarnos a Cristo por el bautismo, nos hace hermanos que aceptan a los otros en sus diferencias.
La unidad de la Iglesia es la versión histórica de la comunidad trinitaria donde las personas se constituyen con la mutua relación que mantiene, que promueve, la unidad sin destruir la singularidad de cada persona. De modo análogo la unidad que se hace cada día en la Iglesia, “no consiste en una uniformidad en cuanto al modo de enfocar los problemas y de darles respuesta”. Los verdaderos factores de la unidad eclesial “son siempre la fidelidad a la palabra de Dios, la celebración de la fe en la Liturgia y el amor como signo y agente de comunión”(32). Una unidad “de signo netamente evangélico” que nos permite acoger al otro como hermano(33); acogida que va más allá de la tolerancia, que “fructifica en la riqueza de una sana pluralidad”(34). Cuando llegan los conflictos y los distanciamientos, la comunión fructifica en reconciliación: que significa interdependencia en el amor, solidaridad, fraternidad actualizada. Sencillamente se trata de vivir el amor fraterno de verdad y continuamente. Desde esa vivencia deben ser procesados todos los conflictos. A los hermanos se les acepta sin más; el verdadero amor rebasa las categorías de tolerancia e intolerancia.
Porque la comunión eclesial es participación de la comunión trinitaria, fuente de vida y de aliento para todos y para todo, el bautismo que nos introduce en ese misterio de comunión,lleva en su misma entraña la exigencia de catolicidad. Quien vive la comunión de la Iglesia, se siente alguien perteneciente a la única familia humana. En esta experiencia de fe, no hay espacio para el sectarismo. Y la identidad cristiana, lejos de poner vallas para acotar nuestro terreno, se logra en un proceso de apertura incondicional porque nada humano ni perteneciente a la creación nos debe resultar ajeno.

c)”Sacramento universal de salvación”

Designar a la Iglesia “sacramento”es otra categoría muy utilizada en el ENEC que hace suyas las palabras del concilio: “la Iglesia es como un sacramento, o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”(35). Ya el Vaticano I presentó a la Iglesia como “una señal levantada entre las naciones”(36).Pero la palabra “sacramento” tiene significado más denso. El sacramento es símbolo evocador de una realidad y de algún modo presencia de la misma. El abrazo de una madre a su hijo que vuelve a casa después de largo tiempo ausente, es un símbolo: en sí lleva el amor materno, lo hace presente y lo fortalece; viene a ser signo e instrumento de ese amor. Si la Iglesia es sacramento de salvación, en su misma visibilidad lleva ya el germen del reino, lo expresa y lo actualiza; es “signo e instrumento” de su llegada. En el lenguaje de los padres griegos, diríamos que la Iglesia es “símbolo real de salvación”.Porque los sacramentos “significando causan”, en la medida en que los cristianos vivan su condición de pueblo de Dios, es decir la comunión, en esa medida ya evangelizan y vibrarán por proclamar el mensaje: “ay de mí si no evangelizare”.

“La iglesia existe para servir a la humanidad”

Si el Hijo de Dios, en su encarnación “se ha unido en cierto modo, con todo hombre”(37), desde ahí reclama nuestra presencia favorable.El ser de la Iglesia es trasmitir el Evangelio a todos los seres humanos. Es sacramento de Cristo para servir a todos y no para su propia seguridad. Si se instala y se curva sobre sí misma, “sería una secta que va derechamente al fariseismo y dejaría de ser Iglesia; una Iglesia que quiere ser signo de comunión, porque si no lo fuera, sería como un Arca de Noé, con una parejita de cada especie, y dejaría de ser Iglesia”(38).

Velada cultural en el Seminario San Carlos y
San Ambrosio, otra de las actividades del ENEC.

 

En “franca amistad” para todos

“El Maestro llama a la Iglesia cubana a los confines de la tierra y la envía a predicar a todos”. Acogiendo esa invitación, ella “quiere anunciar en franca amistad, su fe a todos los hombres, aún aquellos que la consideren enemiga, porque ella no quiere sentirse enemiga de nadie”(39). Esta Iglesia es consciente de que “ Dios es Padre común, y su Señor, Hermano Universal”(40).
Consiguientemente, en el desarrollo de su misión, “la Iglesia en Cuba, de antemano, no rechaza ninguna concepción ideológica, ninguna cultura, ningún sistema político, ninguna otra religión, ni se identifica integralmente con ninguna de esas realidades”(41). Esa Iglesia se abre “en diálogo franco y leal” a las otras confesiones cristianas, a los judíos e incluso a las “sectas”. A lo que de manera quizás un poco simple llamamos “religiosidad popular sincrética”, que no debemos confundir con la piedad popular católica. Como sacramento universal de salvación, la Iglesia se abre también “a las personas no creyentes (marxistas o no)”.

Salvación integral

Olvidando que el reino de Dios, como el grano de trigo, crece ya en las entrañas de la historia, con una visión dualista y con buena dosis de maniqueísmo, a veces se identifica lo escatológico con el “más allá” del tiempo. Y así con frecuencia concluimos que las liberaciones intrahistóricas -en política o economía- nada tienen que ver con eso que llamamos “vida eterna”. El Vaticano II corrigió esa deformación, y el ENEC procede ya en esa visión conciliar(42).
La Iglesia debe ser sacramento de salvación integral “en cuanto impulsa y determina la acción humana, modificadora del mundo en la línea de los contenidos escatológicos de la promesa: paz, justicia, reconciliación, libertad, o sea plenitud realizada del amor”(43). Según Mons Adolfo, “el ENEC nace con la ilusión de servir mejor a nuestro pueblo cubano: a su felicidad, a su unidad nacional, a su progreso, a su salud espiritual”(44). Felicidad, progreso, salud espiritual, implican desarrollo en todos los ámbitos: económico, político y moral.
Es verdad que la “salvación eterna”, esa plena humanización de la humanidad, no se identifica con la liberación política o económica; como las alineaciones del ser humano tampoco se reducen a estos ámbitos, ya que la mayor alienación, origen de todas las demás es la curvación egoísta sobre sí mismo. Pero, evitando esos reduccionismos, la “salvación eterna” es total y en consecuencia incluye también las liberaciones intrahistóricas. Es salvación integral, exige la construcción de una sociedad más humana y más justa en economía y en política, donde los seres humanos puedan vivir en su propia cultura y ser felices. La promoción integral de la persona es inseparable de la evangelización.(45).

Al lado de los pobres

“Pueblo de Dios” es en el Concilio versión histórica del “misterio de la Iglesia” o sacramento de salvación; designio de Dios sobre la historia tal como se ha realizado en Jesucristo; el misterio de Dios que es Cristo en quien, según san Pablo, están todos los tesoros de la de la sabiduría divina. Jesús de Nazaret sintió compasión y, en lo que pudo, curó enfermos y rehabilitó a los excluidos de su tiempo. En esta sensibilidad evangélica la Iglesia del ENEC “desea compartir con los pobres y tener hacia ellos una solicitud preferencial, ya que reflejan la imagen del Señor y fueron objeto privilegiado del amor y de la evangelización de Jesús de Nazaret; quiere ayudarlos a tomar conciencia de su propia dignidad y conseguir su desarrollo integral”(46).

Notas

1. Introdución General: ENEC, n.11
2. Mons A. Rodríguez, Discurso inaugural del ENEC
( en adelante AR): “Encuentro Nacional Eclesial Cubano. Documento Final e Instrucción Pastoral de los Obispos” (La Habana 1986) p.6 . A este libro remité la sigla ENEC
3. AR,
4.Recomiendo la importante investigación del P. Rolando Cabrera, en su tesis doctoral, “Artífices de Reconciliación”, Roma 2003, de cuyo contenido me sirvo aquí en muchos puntos.
5. AR: ENEC, p.7
6. AR: ENEC, p.9: Mensaje Final: ENEC, p.14; ENEC, n.218
7. LG, 18
8. LG, 9,12,32
9. GS, 3
10. Exhort. Evangelii nuntiandi “, 8 y 14
11. Mensaje Final: ENEC, p.14
12. ENEC, 214
13. Disputationes de controversiis chistianae fidei, t.II, L.II., c.II
14. “Lo visible para lo invisible” ( Vat. II, SC, 2)
15. Ib.
16. AR, p.7
17. ENEC, 1124-1125
18. 2 Cor 8,9
20. ENEC, n.1121
21. Juan Pablo II, Redemptor hominis, n.10
22. Documento final: ENEC, p.14
23. Ib.
24. ENEC, n.1135
25. ENEC, n.1135
26. ENEC, n.227
27. ENEC, nn. 214-223
28. ENEC, n.224. Cf. Vat.II: “la Iglesia aparece como el pueblo unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG,4)
29. Col 3,12-13
30. ENEC, n.227
31. ENEC, n. 136
32. ENEC, nn. 143 y 144
33. ENEC, n.168
34. ENEC, n.1129
35. LG, 1; ENEC, nn. 225 y 243
36. DS, 3014.
37. GS,22
38. AR: ENEC,p.7
39. ENEC, n.202; AR: ENEC, p.11
40. Mensaje final, ENEC, p.14
41. ENEC, n.244
42. GS, 39
43. ENEC, n.392
44. AR:ENEC, p.6
45. Según la Exhort. “Evangelii nuntiandi”, n.9, “la salvación, centro de la Buena Nueva, es liberación de lo que oprime al hombre; pero, sobre todo, liberación del pecado y del maligno”.
46. ENEC, 1135-1137


 

Revista Vitral No. 73 * año XIII * mayo-junio de 2006
P. Jesús Espeja
Sacerdote español, de la Orden de Predicadores (dominico). Director del Centro Fray Bartolomé de Las Casas de La Habana. Teólogo. Tiene varios libros publicados en España.